Mirando sin ver
Parado en un estrecho corredor del juzgado de adolescentes, hace dos horas que esperamos a la fiscal para que comiencen las audiencias. Al frente mío Nicolás un educador joven que los acompañó desde la colonia y al lado sentados Juan Y Charles, dos jóvenes de 18 años, ansiosos en su esperada libertad, con la sensación de que el ahora es lo único que importa.
En una tarde de intenso frio, lo miro detenidamente a Juan, y me doy cuenta de sus ropas finas para contrarrestar este frío invernal, y pienso que está acá por una sentencia, cumpliendo una sanción judicial, pero en la realidad lo que lo trajo fue su pobreza, llegó hasta aquí por sus ansias de tener hoy lo que no tuvo ayer, cuando era niño, no hace mucho por cierto.
Ansiosos de que algún día, tal vez sea hoy Juan, se escuche tu voz y finalmente se te conceda un solo deseo, sin reclamar daños ni preguntar por qué te robaron los tiempos, tus tiempos, los tuyos.
Ya cuando caminaba hacia el edificio judicial sentí que miraba hacia adentro para reconocerme en una historia de aulas llenas de túnicas, bancos desde donde asoman caras sonrientes, bonitos ojos, cabellos ondulados que me traen calorcitos en el corazón, mi madre contenta con la inteligencia del niño que quería estar en la vereda corriendo y saltando, jugando a la bolita, leyendo una revista y coleccionando figuritas de jugadores de futbol. Un partido con pelota de goma en la playa o pateando de vereda a vereda por encima de la calle entre coche y coche o después que pase el ómnibus y abra sus puertas en la parada de la esquina.
Pienso: Yo aquí como profesional muy cómodo en estas ropas y riendo con mi compañero respondo a la pregunta de Juan ¿ Y cuanto hay que esperar? Yo contesto, en un rato no más nos van a llamar, en un rato estarás en la calle, tu barrio, con tu madre, tu padre, tus hermanos, todo va a ser emocionante, muy grato, alegría, todos contentos, hoy, nada más que hoy. Mañana sentirás que te falta algo, que tus padres están serios y preocupados, tus hermanos tristes, y vos que ya sos un “hombre” porque la cédula te lo marca y los pulmones quieren gritarlo, que no querés depender de nadie y no podés ver a tu familia sufrir, y como siempre serás el sacrificado, no mirarás para adentro, solo sabés actuar por amor a los tuyos.
Juan, cuando podrás mirarte y amar tus miradas, y salir a la calle a jugar con los tuyos, pasear en tus parques y mirando el cielo al despuntar las primeras estrellas te duermas en otros brazos que te cuiden el sueño, los sueños del ayer y las esperanzas del ahora.
*Enrique Martinez Balta é uruguaio, psicólogo, poeta nas horas livres, ex-militante estudantil da FER (Frente Estudiantil Revolucionaria), foi exiliado político por 5 anos na Argentina.
Por Enrique Martinez Balta, em 29/07/2010 - 00:01. Você pode acompanhar as respostas a este texto acessando o leitor RSS 2.0.

























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