Dos ciudades. Un destino.
El tipo va seguro, pero con miedos, inquieto, siempre pensando en lo que va a venir, observando como se agranda la distancia entre la baranda de la cubierta y la orilla donde se divisa cada vez mas difuso las manos levantadas de los pocos familiares que despiden con tristeza a los viajantes capaz que sin retorno.
Lo invade una sensación de alivio, de ir saliendo de una situación asfixiante, donde se iban juntando horizontes oscuros.
Enrique, “ganchito” (pegado a su compañera como el velcro), “Mijail” por su origen anarquista en las ideas le decían sus cumpas llega hasta el hotel Rio, pensión de medio pelo preguntando por su primo, el hijo de la madrina que hace años que no lo ve, desde los años adolescentes, el recuerdo que le viene a la mente es una partida de billar en un boliche de La Teja.
Eduardo, flaco, enjuto, habla rápidamente, nunca inspiraba confianza, dejaba como una sensación de que había que defenderse de algo que llegaría en cualquier momento. Lo recibe muy familiarmente, le presenta a su esposa y lo lleva a una pieza libre donde se acomodan, con las pequeñas valijas, él y su compañera que habían llegado esa mañana en el vapor de la carrera.
Estudiantes, él de una Facultad de Medicina de la que ya renegaba, y venía con el firme de propósito de estudiar en otra rama, psicología y en “La revolución permanente” de Trosky para seguir puliendo las ideas revolucionarias. Aunque primero era imprescindible en lo inmediato conseguir un trabajo para subsistir.
Ella, estudiante avanzada de enfermería quería, tenía que culminar la carrera, sufría muchísimo mas la distancia con la familia donde tenía buenos vínculos, muy apegada al cariño materno y de una hermana en especial. Muy encaradora, sin dudas, sabiendo lo que quiere es como la proa del barco, entablando vínculos, pidiendo, demandando era la primera.
Y el tipo mas bien temeroso dejaba hacer, era como una sociedad secreta, con acuerdos tácitos, conveniente para el equilibrio y el progreso de la pareja.
El falso primo ofrece sus contactos de sus años en la ciudad y consigue los trabajos pedidos.
El va en tren por las noches a una pollería donde obvio se matan y pelan pollos con destino al mercado, frescos y encajonaditos por la mañana.
El ambiente era duro como las distintas tareas, gente del oficio, que en los primeros días ofrecían un respeto para el nuevo, compartir las noches con un oriental que había saltado el charco perseguido por los militares era algo importante en el imaginario de los compañeros venidos de una historia peronista que se renovaba en la esperada vuelta del gran jefe.
Y llega la primer pálida, el sello de origen en la semana de cobro aparece el patrón con su verdadera cara, paga de menos con descuento de un pollo no pedido, ante el reclamo contesta “y entonces llévelo ahora”, con la porteñada babosa a flor de labio impone el derecho de piso con la autoridad desmedida.
Prontamente se va, con la marca de una uña en la cara, saludo final de un pollo que no se entrega así no más.
Ella también pasa su prueba de fuego, la del iniciado, en el asilo o casa de salud para ocultar los verdaderos fines de depósito de ancianos, el “cabecita negra” pide un masaje de más, para el solo ya que se creía con derecho por haber llevado a él a ese conchabo nocturno de pollos.
En el segundo trabajo la perspectiva cambia bastante, el patrón es un señor mayor, alto, robusto, culto, amable e inteligente, radical (del partido político) e hincha de San Lorenzo
Y aparece a presentarse Don Andres, su primer pregunta es “de que cuadro sos hincha?, y temiendo las consecuencias de la respuesta Enrique dice, soy uruguayo y acá me gusta River, dicho al abuelo del zaguero titular de Boca, era como firmar una nueva extradición.
Pero no, al poco tiempo le trae la foto de Roberto Mouzo, firmada con dedicatoria a la hija recién nacida de Enrique, ese veterano ya jubilado, inmigrante italiano, sin mas estudio que lo que supo integrar en su experiencia de vida demuestra que para ser gente solo basta un gran corazón.
*Enrique Martinez Balta é uruguaio, psicólogo, poeta nas horas livres, ex-militante estudantil da FER (Frente Estudiantil Revolucionaria), foi exiliado político por 5 anos na Argentina.
Por Enrique Martinez Balta, em 18/09/2009 - 00:02. Você pode acompanhar as respostas a este texto acessando o leitor RSS 2.0.

























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